Texto: “Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia”.
— Proverbios 3:5
Hay momentos que la vida nos pone frente a una encrucijada: o confiamos en Dios, o en la realidad que vemos.
Y casi siempre, lo que vemos parece más “real”, y más tangible. Pero lo cierto es que la fe nos invita a mirar más allá del cálculo, del control y de las certezas humanas.
Confiar en el Padre no es cerrar los ojos a la realidad, sino abrir el corazón a una realidad más alta: la de Su fidelidad.
¿Alguna vez te has sentido como si Dios estuviera en silencio?
Como si oraras, esperases, y todo permaneciera quieto…
Esa quietud, que muchas veces nos desespera, no siempre es ausencia.
A veces es el susurro del Padre diciéndote: «confía, estoy aquí», y que te enseña a descansar sin verlo todo en el momento.
La confianza verdadera nace cuando el alma se rinde y dice:
- “Padre, aunque no entiendo, sigo creyendo.”
- “Aunque no veo, sigo esperando.”
- “Aunque no sienta, sigo confiando.”
Porque el Padre no falla. Puede que tarde a tus ojos, pero su tiempo siempre coincide con tu bien.
El proceso de confiar
Confiar en Dios no se aprende en los días fáciles.
Se aprende en el fuego de la incertidumbre.
En los días en que nada parece tener sentido, justo ahí se forja tu fe.
No está probando tu paciencia; está formando tu confianza.
Dios no quiere que confíes sólo en lo que puede darte.
Quiere que confíes en quién es Él.
Y cuando el corazón aprende eso, el miedo pierde su poder.
Pregúntate:
- ¿Qué cosas me cuesta soltar hoy en las manos del Padre?
- ¿Confío sólo cuando entiendo, o incluso cuando no comprendo?
- ¿He aprendido a descansar en el amor del Padre, o sigo luchando por tener el control?
Una verdad para guardar
“El corazón que confía en Dios puede dormir en medio de la tormenta.”
— (Inspirado en Marcos 4:39)
La confianza no se demuestra cuando el mar se calma, sino cuando decides no temer mientras sopla el viento.
Oremos
Padre, tú conoces mis pensamientos más ocultos. Hoy elijo confiar, aunque mis ojos no vean.
Enséñame a descansar en tu carácter y no en mis circunstancias.
Dame la gracia de rendir mis planes, mi tiempo y mis deseos a tu voluntad perfecta.
Gracias porque no me dejas, porque incluso cuando callas, confío en que estás ahí. Amén.







Gracias por su gran aporte !!