Texto: Gálatas 2:20
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
Hoy quiero que reflexionemos de algo que puede transformar por completo la forma en la que entendemos la vida en Cristo. Pablo lo dijo de una forma tan profunda que a veces lo leemos sin prestar atención:“Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios.” No dice “en mi fe…”, sino “en la fe del Hijo de Dios.” Y ahí, justamente ahí… está el corazón de este devocional.
Una verdad que descansa el alma
¿Cuántas veces has sentido que te falta fe? ¿Cuántas veces has intentado “creer más fuerte”, como si la vida en Cristo dependiera solo de tu esfuerzo? Muchos de nosotros hemos cargado con esa presión: el peso de producir fe, de ser lo suficientemente firmes, lo suficientemente constantes, lo suficientemente fuertes.
Pero Pablo nos muestra algo totalmente distinto: La vida en Cristo no nace de nuestra fuerza… nace de nuestra absoluta confianza a él. No vivimos por lo que nosotros podemos creer… vivimos por la fe que Él ya ejerció.
La fe perfecta que no vacila
Piénsalo por un momento… La fe de Jesús nunca dudó. Nunca se quebró. Nunca titubeó.
Fue obediente en cada paso. Firme en cada prueba. Fue victoriosa incluso en la muerte. Esa es la fe desde la cual ahora vivimos.
No desde una fe inestable como la nuestra, que a veces se levanta fuerte y al día siguiente se tambalea… sino desde la fe inamovible de Cristo. Es como si el Padre te dijera: “No tienes que sostenerte tú… Yo te sostengo a través de la fe de Mi Hijo«.
“Ya no vivo yo… cristo vive en mí”
Y aquí llegamos a la frase que define la victoria de los santos, “Ya no vivo yo… Cristo vive en mí”.
Pablo no dice: “Cristo me mejora”, “Cristo me fortalece”, “Cristo me impulsa”. No. Él dice: “Cristo vive en mí.” La vida que llevas hoy… las decisiones, las batallas, los procesos… todo se vive desde Su vida, no desde la tuya. Su fuerza es tu fuerza. Su fidelidad es tu estabilidad. Su fe es tu fundamento.
Cuando descansas en la fe de Cristo
Cuando entiendes esto, algo precioso ocurre en tu interior. La ansiedad baja. La carga desaparece. La presión se disipa. Ya no necesitas “producir” fe. Solo necesitas permanecer. Ya no vives desde el “tengo que”, vives desde el “Él ya lo hizo”.
Preguntas para reflexionar
¿Desde dónde he estado viviendo últimamente? ¿Desde mi propio esfuerzo? ¿Desde mis emociones fluctuantes? ¿Desde mi fe limitada? ¿O desde la fe perfecta del Hijo de Dios?
Cristo no te pidió que fueras fuerte. Te pidió que permanecieras en Él. Porque cuando permaneces… Él vive. Él obra. Él sostiene. Él completa.
Oremos
Padre, gracias porque en tu Hijo puedo descansar en la fe que él consumó. Hoy reposo en esa fe perfecta, la fe de Cristo y por la cual puedo vivir. Porque sin fe es imposible agradarte y vivir.







Extraordinaria enseñanza que viene a matar muchas falsas creencias en la iglesia. Gracias amado pastor Uziel.
Permíteme usar tus diapositivas en las redes.
Por supuesto que si estimado apostol Adolfo, use el material con toda libertad. Un gran abrazo hasta Chiapas.