Cuando contemplamos la Escritura notamos que muchas verdades no habitan en puntos medios, puesto que este evangelio habla de verdades absolutas. Santidad o pecado, libre o esclavo, salvo o perdido, puro o contaminado. No hay grises… es blanco o negro. Hay vida o muerte.
En ese sentido, la Escritura muestra un diseño para el cual el ser humano fue creado, y es la vida superior. Nunca fue intención de Dios crear a la humanidad para una vida inferior. Sin embargo, cuando el hombre decide comer de lo que se debe abstener (árbol de la muerte), justo allí comienza a experimentar una vida inferior.
Antes de la muerte espiritual de Adán en el principio, no había vida inferior, pero al morir y ser echado del Huerto, la vida inferior pasó a ser parte de lo cotidiano. Era la norma, era su nueva configuración. Había perdido comunicación con Dios, ya no estaba habilitado para la vida superior, puesto que se le había cerrado el acceso al Árbol de la vida, de donde provenía dicha vida superior.
Como podemos ver, en el principio la vida superior estaba contenida en el Árbol de la vida; en los evangelios estaba contenida en Jesús, el Cordero de Dios; pero en la consumación del sacrificio perfecto del Cordero en la cruz, esa vida superior ha sido repartida en aquellos que comen del pan que fue repartido.
Por lo tanto, no hay puntos medios. Quienes comen del Árbol de la vida disfrutan de la vida superior, pero quienes comen del árbol de la muerte experimentarán la vida inferior. Pablo dijo en 1 Corintios 15:49: «Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial». El celestial contiene la vida superior, pero el terrenal porta la vida inferior.
¿Cuáles son las características de la vida inferior?
- Es una vida que cree que no necesita de Dios.
- Vive sin dirección divina.
- Practica las obras de la carne.
- Es una vida gobernada por sistemas de tinieblas.
- La mentira es parte de su naturaleza.
- Evita la luz y la verdad.
Pero en el diseño divino no está contemplado que vivamos para eso. Dios nos diseñó para algo mejor y superior. Una clase de vida que proviene de Su Hijo impartido en nuestros corazones, el cual nos permite disfrutar la única vida legítima y legal. Pues la vida inferior es ilegal en la tierra, y pretender vivir en ella es lo que trae al hombre toda clase de devaluaciones. Porque la vida inferior devalúa la vida del hombre en la tierra.
La vida inferior reduce al ser humano a vivir desde sus impulsos, sus temores, sus heridas, sus limitaciones y sus propias capacidades. Lo hace interpretar la existencia desde una perspectiva terrenal, donde el hombre intenta encontrar sentido separado de la fuente que lo creó.
La tragedia más grande del hombre no fue simplemente haber cometido un pecado; la tragedia más profunda fue haber perdido la vida que lo sostenía. El problema del hombre no era solamente una conducta equivocada, sino una naturaleza desconectada del origen de la vida.
Por eso Cristo no vino únicamente para mejorar nuestro comportamiento; vino para transformar radicalmente nuestra vida. El evangelio no es una invitación a reformar la vida inferior, sino a recibir una vida completamente nueva.
La religión intenta enseñar al hombre cómo comportarse mejor dentro de una vida caída, pero Cristo vino a impartir una vida diferente. Porque una vida nueva produce una manera nueva de vivir.
La vida superior no es una experiencia externa, es una naturaleza impartida
Jesús no vino a colocar una capa espiritual sobre la vieja humanidad. Él vino a crucificarla y a establecer una nueva creación.
Pablo declara:
«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17).
La vida superior no consiste en tener mejores hábitos religiosos, mayor conocimiento bíblico o una conducta moral más aceptable. Todo eso puede existir sin que la verdadera vida de Cristo haya sido revelada.
La vida superior es Cristo mismo viviendo en nosotros. Es la realidad de que la vida que perdimos en Adán nos fue recreada en Cristo. Es volver al diseño original, no regresando al Huerto, sino recibiendo al Árbol de la vida dentro de nosotros. Porque ahora el Árbol ya no está reservado en un lugar externo; la vida eterna fue manifestada en una Persona y esa Persona habita en aquellos que creen.
Juan dijo:
«En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres» (Juan 1:4).
Observemos algo poderoso: la vida produce luz. La vida superior no solamente nos permite existir, sino que nos permite ver. La vida inferior camina en oscuridad porque perdió la fuente de la revelación; pero la vida superior trae iluminación interior, discernimiento espiritual y capacidad para percibir la voluntad de Dios.
Cuando una persona recibe la vida superior, comienza a experimentar una transformación desde adentro hacia afuera. Ya no vive intentando alcanzar la aceptación de Dios, sino que vive desde la aceptación que ya recibió en Cristo. Ya no busca identidad en lo que posee, en lo que logra o en la opinión de otros, porque ha descubierto que su verdadera identidad procede de la vida del Hijo.
Una vida superior produce una manifestación superior
El propósito de Dios nunca fue solamente rescatarnos del pecado, sino llevarnos a manifestar Su naturaleza en la tierra.
La salvación no es únicamente ser liberados de algo; es ser introducidos “en” algo. No solamente fuimos sacados de tinieblas, fuimos introducidos en Su luz admirable. No solamente fuimos perdonados de nuestros pecados, fuimos hechos participantes de la naturaleza divina.
Pedro declara:
«Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina» (2 Pedro 1:4).
Esto significa que la vida superior no es una teoría espiritual, sino una realidad que debe expresarse. Una vida superior piensa diferente, responde diferente, ama diferente, perdona diferente y sirve desde una fuente diferente.
El hombre que vive desde la vida inferior pregunta constantemente: «¿Qué puedo obtener?». Pero quien vive desde la vida superior comienza a preguntar: «¿Qué puedo impartir?».
- La vida inferior está centrada en preservar el yo; la vida superior está centrada en expresar a Cristo.
- La vida inferior busca reconocimiento; la vida superior manifiesta identidad.
- La vida inferior vive para ser vista; la vida superior vive porque ha visto al Padre.
El regreso al diseño original
El propósito final de Dios no es simplemente “llevarnos” al cielo, sino traer la realidad del cielo a la tierra desde dentro de nosotros. La vida superior es la vida del Reino manifestándose en una humanidad recreada.
Por eso Jesús enseñó a orar:
«Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra» (Mateo 6:10).
La intención divina siempre fue que la tierra experimentara la expresión de una humanidad conectada con Dios. El problema comenzó cuando el hombre quiso vivir separado de la fuente de vida; la transformación comenzó cuando Dios mismo vino a buscar al hombre para introducirlo nuevamente en Su vida. Por eso:
- En Adán perdimos la vida superior; en Cristo la recuperamos.
- En Adán fuimos hechos terrenales; en Cristo somos hechos celestiales.
- En Adán recibimos una naturaleza caída; en Cristo recibimos una nueva creación.
Por eso el llamado del evangelio no es simplemente abandonar una mala vida para adoptar una buena vida. Es abandonar una vida inferior para participar de una vida superior.
Porque Dios nunca diseñó al hombre para sobrevivir lejos de Él. Dios diseñó al hombre para vivir desde Él. La verdadera pregunta entonces no es solamente: ¿Cómo estoy viviendo? La pregunta más profunda es: ¿Desde qué vida estoy viviendo?
Porque podemos tener éxito según los parámetros humanos y aun así vivir desde una fuente inferior. Podemos tener reconocimiento, influencia y posesiones, pero continuar desconectados de la vida para la cual fuimos creados.
La vida superior no se mide por lo que tenemos en nuestras manos, sino por quién gobierna nuestro corazón. Al final, todo ser humano está viviendo desde un árbol. Todos estamos participando de una fuente. Todos estamos manifestando una vida.
El misterio del evangelio es que Dios no vino solamente a mostrarnos el camino hacia la vida; Él vino a convertirse en nuestra vida y nuestro vivir. Cristo es el Árbol eterno plantado en el corazón del hombre redimido. Él es la fuente que no se seca, la vida que no envejece, la naturaleza que no se corrompe.
Fuimos diseñados para una vida superior porque fuimos diseñados para contener a un Dios superior. Y cuando el hombre vuelve a la fuente correcta, deja de intentar construir una vida propia y comienza a manifestar la vida que siempre estuvo en el corazón de Dios.
Porque la mayor trasformación del evangelio no es que el hombre vuelva a tener algo que perdió. Es que finalmente descubra que fue creado para contener a Alguien que siempre estuvo destinado a vivir en él. Amen.







Amen 🙏 somos hijos de la manifestacion de Cristo todo se trata de el es el Camino la verdad y la vida
Gracias Miguel por tomarte el tiempo de leer este escrito. Bendecido.