fbpx
Menú
mayo 16, 2018

¿Qué tienen en común un cirujano y un comunicador del reino? Que ambos utilizan un bisturí para realizar las cirugías. Las cirugías del cirujano son del cuerpo, pero las cirugías del comunicador son del alma y espíritu. Un cirujano que ama su profesión y en especial a sus pacientes aunque no quiera debe realizar la operación. Un comunicador del evangelio que ama su llamado y a la gente, aunque no quiera debe realizar la incisión en el espíritu de los santos.

 

En ese sentido, un comunicador del evangelio sabe que tendrá que sacrificar algunas cosas (empatizar, ser carismático para ganarse a la audiencia, venderse como un simpático orador, ser motivador, ser inspirador entre otros) para cumplir con el objetivo de EDIFICAR a los santos.

 

Jesús, el orador más grande de la historia, no siempre sus conferencias y enseñanzas eran bien recibidas por todos, no siempre trataba de empatizar o ser simpático con su audiencia. No siempre lanzaba un chiste para sacarle una sonrisa a la gente. Jesús hablaba lo que la gente necesitaba escuchar. La escritura dice que ni siquiera hablaba por su propia cuenta sino lo que había escuchado de su Padre.

 

En sus palabras estaba el remedio y no siempre era delicioso al paladar, (Apocalipsis 10:10). De hecho, Jesús perdió muchos discípulos y seguidores por la forma de sus palabras y el contenido de su mensaje. Él estaba ante dos opciones: o le caigo bien a la gente, o hago la voluntad del que me envió.

 

En lo personal yo estudié comunicación social, la oratoria plantea de que a la audiencia no se le puede señalar, juzgar, o algo por el estilo que sea percibido como agresión. Pero Jesús en su único discurso en público predicaba y decía, “arrepiéntase y conviértanse”. Si a esta declaración hecha por Jesús, le metiéramos la lupa de los principios de la oratoria de los hombres, la misma NO pasaría la prueba.

 

Para el contexto judío, estas dos palabras son casi una ofensa. ¡Era un juicio directo, era un llamado de atención! Ojo, bajo ninguna circunstancia estoy diciendo de que nos valgamos del escenario para insultar o irrespetar a la audiencia. Toda persona merece respeto y consideración. Pero lo que si estoy diciendo es que amar a la gente también significa realizarle la cirugía aunque ellos no les guste o no lo entiendan. No siempre diremos cosas que a nuestra audiencia le agradará.  

 

Qué interesante que hoy en día los oradores no quieren perder seguidores ni audiencia. Mientras más gente haya en el auditorio hoy se ve como sinónimo de éxito, de grandeza. Y para ellos, perder un seguidor es perder en esencia a un cliente.

 

He escuchado en varias oportunidades a figuras cristianas decir, “seamos como Jesús”, pero yo me pregunto ¿EN SERIO? Imagínate a un orador que sea como Jesús y que en pleno escenario diga “ustedes son nubes sin agua, sepulcros blanqueados, hipócritas o generaciones de víboras”… No creo que para la próxima conferencia le asista mucha gente.

 

Pero Uziel ¿estás en contra de la motivación, de inspirar a otros? Por supuesto que no, todo es bueno en su justa medida y lugar. Pero no estamos llamados a motivarlos o inspirarlos con lo que YO pueda ser. Muchos menos estamos para que se inspiren con lo que ELLOS son. Si Cristo no es el TODO de la motivación o la inspiración, sencillamente somos oradores que hemos creado nuestro propio evangelio a imagen de nuestra propia semejanza.  

 

Si Cristo no es el TODO de la motivación o la inspiración, sencillamente somos oradores que hemos creado nuestro propio evangelio a imagen de nuestra propia semejanza 

 

Lo cierto es que toda persona que sueña con ser un comunicador, orador, o conferencista del evangelio de Dios, tarde o temprano tendrá que definir para qué quiere serlo. Tendrá que definir a quién quiere agradar más. Porque todos en algún momento hemos estado, incluyéndome, allí.

 

Tratar de que quedar bien TODO EL TIEMPO con TODOS no será fácil. Tratar que caerles bien a todos es agotador. Pero quedar bien con aquel que te envió no siempre será dulce como la miel pero si que es la mejor opción. ¡Saber que tu audiencia fue edificada (y no siempre animada o inspirada) es la mayor de las satisfacciones!

 

La motivación, la inspiración, las palabras de ánimo son temporales, pero la edificación es eterna… es trascedente. Con razón Jesús hasta hoy es el comunicador más grande la de historia. Su mensaje más que animar, inspirar o motivar era EDIFICANTE. Sin duda, la comunicación que edifica tiene otros códigos de oratoria y nosotros como ministros competentes necesitamos, con urgencia conocerlos.

 

Soy Uziel Reyes y esto es Vida en Progresivo.

Suscríbete a mi blog
Loading
DonacionesWhatsapp
Facebook
CENTRO DE INTELIGENCIA ESPIRITUAL