Vivimos en tiempos donde lo eterno y lo sagrado se ha vuelto común y superficial. Se habla de Cristo, se menciona Su nombre, pero no siempre se comprende la magnitud de lo que ocurrió y de lo que sigue ocurriendo hoy. Por eso es necesario volver al origen del evangelio, no desde la tradición, sino desde la revelación; no desde la historia diluida, sino desde la vida presente.
Apreciado lector, no seguimos una idea, portamos a una Persona viva. Porque el evangelio no es un concepto, es un acontecimiento eterno que se introdujo en el tiempo por medio de Cristo.
Que el Cordero murió conforme a las Escrituras; que fue sepultado y resucitó al tercer día, según lo dicho por Pablo en 1 Corintios 15:3-4. No es poesía, es realidad espiritual consumada y eterna.
“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”
El mismo que descendió a lo más profundo de la condición humana y caída, fue levantado por la Gloria del Padre. Y no solo resucitó, se dejó ver. A testigos reales, en momentos reales, con una evidencia imposible de ignorar.
1 Corintios 15:5-8 y que apareció a Cefas, y después a los doce. 6 Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. 7 Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; 8 y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.
Pero aquí está la verdad que muchos aún no han comprendido: Él no solo resucitó… Él sigue vivo.
Apocalipsis 1:18 “Yo soy el que vive, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos”.
No está vivo como un recuerdo, ni para ser recodado con nostalgia. Está vivo como fuente vigente y activa, como vida impartida, como realidad presente dentro de aquellos que creen y lo han recibo en el corazón. Pablo dijo, “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20).
La resurrección no fue el final, fue un Regénesis
Aquí es donde muchos reducen el evangelio a un evento histórico, cuando en realidad es el punto de partida de una nueva realidad espiritual.
La resurrección no solo valida quién es Cristo; inaugura una nueva creación.
2 Corintios 5:17 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
No se trata simplemente de una mejora moral del hombre, sino del nacimiento de una nueva vida que no proviene de la carne, sino del Espíritu (Juan 1:12-13). Debemos saber que Cristo no vino a reparar al viejo hombre, más bien, vino a terminarlo en la cruz y a levantar uno nuevo en Su resurrección.
Una vida que ahora habita en el creyente
Este es el centro del evangelio: no solo creemos en Cristo, sino que participamos también de Su vida. “Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3).
La vida en Cristo no es un esfuerzo humano por agradar a Dios; es la manifestación de una vida divina que ya fue impartida en nosotros y que fluye como una fuente de agua.
Por eso Pablo no dice “intento vivir mejor”, dice: “Cristo vive en mí”. Esto cambia completamente la perspectiva: ya no es conducta modificada, es naturaleza transformada.
El error común: celebrar sin discernir la resurrección
Este es el punto donde muchos se quedan cortos: celebran la resurrección, pero no viven de ella.
- Porque si Él vive, entonces Su vida está disponible.
- Si Él resucitó, entonces una nueva creación comenzó.
Esto debe quedar grabado en nuestro consciente: hay una nueva creación, una nueva humanidad. La nueva humanidad está en Cristo.
- Si Él venció la muerte, entonces ya no estamos llamados a vivir bajo su dominio; eres libre.
Romanos 6:11 “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús”.
Cristo no resucitó para ser admirado, sino para ser vivido. Nota bien lo que Él dijo, “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Esa vida no es futura solamente, es presente continuo. No es solo eterna en duración, sino divina en calidad. Es la vida de Dios operando en el hombre.
La evidencia real de la resurrección
La evidencia de que Él vive no es solo una tumba vacía, es la marca indeleble de vidas transformadas. Hombres y mujeres que en un tiempo eran muertos vivientes, pero que ahora viven en justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Con mentes renovadas, corazones afirmados y naturalezas cambiadas. Eso no lo produce un recordatorio ni una tradición religiosa, lo produce la Vida.
En definitiva
Hoy no recordamos un evento, participamos de una vida convertida en verdad eterna.
Recuerda que el evangelio no termina en la cruz, ni siquiera en la tumba vacía. Continúa en cada corazón que vive desde la realidad del resucitado y que a la vez nos fue impartido.
Jamás olvides que: el que murió y resucitó… sigue vivo… y está dando vida hoy.




Amen pastor 🙏 se nos a impartido la vida del hijo en el cual estábamos desde antes de la fundación del mundo y no recordamos un evento historico sino que vivimos una realidad presente en Él gracias por los aportes a la edificación para el Reino paz y gracia
Gracias a ti Evangelina por la gentileza de pasar por aquí. Bendecida!
Sin lugar a dudas estas líneas conservan una enorme verdad. Definitivamente actualmente esta generación calebra a un Dios que no conoce, trae a memoria una obra que ignora y rechaza la vida que la cruz expone.
Gracias apóstol Uziel.
Gracias a ti mi amado pastor Evi por pasar por aquí. Abrazos!
Excelente!
Celebrar sin discernir lo trascendental del hecho, nos deja en el mismo lugar.
Pero al entenderlo disfrutamos de las maravillas del Padre en Cristo.