Más Allá de los Milagros: El Verdadero Enfoque del Evangelio

¿Qué tal si cambiamos la frase tradicional: “Ven a recibir tu milagro” por algo más desafiante y bíblicamente alineado: “Vamos a hacerle un milagro a Dios”?

Con este artículo quiero invitarte a reflexionar sobre la tendencia de ver a Dios únicamente como el que está allí para conceder deseos y peticiones. Es la costumbre de acercarnos a Él solo para recibir, olvidando por completo la razón de ser de la Ekklesia.

Hoy escuchamos por todas partes la gran oferta: “Ven a recibir tu milagro”. Y claro… es irresistible para cientos de personas. Unos quieren un milagro financiero; otros, matrimonial; otros, por sus hijos, por sus trabajos, sus deudas, o —el más popular de todos— un milagro de sanidad. De hecho, es el que más demanda tiene.

Es casi como un centro comercial en temporada de descuentos, donde los precios han bajado al cincuenta por ciento. ¿Y qué crees? Esas reuniones son siempre las más concurridas, porque todos tenemos alguna necesidad. Sin embargo, necesitamos recordar algo fundamental: aunque el Padre puede suplir nuestras necesidades, el evangelio no se trata de un grupo de necesitados buscando el milagro de turno.

Jesús es el ejemplo perfecto de cómo vive un hijo maduro. Incluso en sus momentos de aflicción, nunca pidió al Padre que le hiciera un milagro para librarlo. Su anhelo supremo era hacer la voluntad de Aquel que lo envió (Juan 6:38).

¿Son los milagros el centro del evangelio?

No.

No vivimos de milagro en milagro. Vivimos por la vida del Hijo que ha sido impartida en nuestros corazones.

En muchos lugares se enseña un evangelio condicionado a la expectativa constante de recibir un milagro, un favor o una bendición. Se ofertan “descuentos” para las necesidades de la gente, esfuerzos para mantener llenos los auditorios.

Pero observa algo: Jesús nunca predicó: “Vengan a recibir su milagro”.

Su misión no se centró en la necesidad del hombre, sino en hacer la voluntad de Su Padre. Él dijo claramente: “Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). No dijo: “busquen los milagros”.

En la mayoría de las reuniones de milagros, quienes más pasan al frente son los mismos cristianos, una y otra vez. Pero la vida cristiana no consiste en vivir dependiendo de un milagro permanente.

Lo dijo el Señor: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).

El pan representa la necesidad humana. Y convertir piedra en pan fue precisamente el milagro que el tentador quiso que Jesús hiciera. Pero Jesús afirmó: “No solo se vive de milagros”.

La verdadera misión

Según Lucas 4:43, el Padre envió a Su Hijo con una misión específica: predicar el evangelio del Reino. Ese era el eje central de Su vida.

Pregúntate: ¿Jesús atrajo multitudes ofreciéndoles milagros como un experto en marketing religioso? En absoluto.

Siempre mantuvo firme en Su boca el mensaje del Reino: “Arrepentíos, porque el Reino de los cielos se ha acercado”. (Mateo 4:17).

La naturaleza humana siempre se inclinará a pedir milagros, pero…

  • ¿Quién le hace “el milagro” a Dios?
  • ¿Quién extiende Su Reino?
  • ¿Quién es testigo hasta lo último de la tierra?
  • ¿Quién manifiesta la vida de Cristo?
  • ¿Quién anuncia las buenas nuevas?
  • ¿Quién edifica Su iglesia?

La verdad es esta:

Los milagros no transforman a nadie, pero la Palabra sí. “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).

¿Recuerdas a los diez leprosos? Solo uno regresó agradecido. ¿Y los demás?

Así como el Padre envió a Su Hijo, el Hijo envió a Su Iglesia. Nos comisionó para expandir, declarar y manifestar Su Reino, no para perseguir milagros. Los milagros vienen por añadidura. No significa que no oremos por los enfermos; significa que eso no es el centro de nuestra misión.

Jesús le hizo el milagro al Padre.

¿Cuál fue?  Cumplir Su voluntad hasta consumarla.

Ahora le corresponde a la Iglesia hacerle el milagro a Cristo. ¿Cuál?

  • Predicar y enseñar el Reino.
  • Ser testigos hasta lo último de la tierra.
  • Edificar Su Iglesia.
  • Vivir como reyes y sacerdotes.
  • En resumen: vivir en Él, vivirlo a Él y vivir para Él.

La propuesta “Ven a recibir tu milagro” puede sonar noble, pero no es la sustancia del evangelio. El Señor jamás se desvió de Su asignación. Ni siquiera la necesidad humana lo distraía.

Imagina una reunión donde todos, en unidad, digamos: “Hagámosle el milagro a Dios”. El Padre busca hijos maduros que avancen Su Reino. Y la creación misma espera la manifestación de esos hijos.

Romanos 8:19 “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.”

¿Qué tal si hoy tomamos esa decisión?

Hagámosle el milagro a Dios.

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Uziel Reyes
Uziel Reyes
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