¿Y AHORA QUÉ HAGO CON ESTA PALABRA?

Junio 8, 2017

Todos en algún momento hemos querido que Dios nos hable directa y particularmente con una palabra. Cierto que la idea de escuchar a Dios pronunciar tu nombre es emocionante? Entiendo que más de uno leyendo este escrito sueña con eso.

 

La escritura muestra como Dios se ha valido de cualquier forma de comunicación para transmitirle un mensaje a alguien. Así que en este post no vamos a observar si Dios habla, porque definitivamente El Padre celestial es soberano, Él habló en la antigüedad por medio de profetas, pero sigue hablando hoy por medio de Su Hijo, y por ende, sus hijos los santos.

 

En tal sentido, no nos vamos a enfocar en si habla o no, sino en ¿qué haces tú con esa Palabra cuando te habla?

 

Te muestro un escenario.

 

–Inicia la celebración dominical, allí están los hermanos congregados, la música apertura la reunión, cantos y alabanzas se entonan. Unos disfrutan de la comunión entre hermanos, otros lloran por la presencia de Dios en ellos. Luengo viene el momento de la predica… y en un tiempo de la misma, muchos se levantan efusivamente asentando la declaración del predicador de turno.

 

Unos exclaman –amen, gloria a Dios y aleluya– otros pasan al escenario sellando la palabra. Hasta este momento todo marcha bien, no hay nada de malo en ello. Yo mismo celebro de esta manera cuando Dios suelta una palabra que fue inspirada a través de la vida del orador.

 

Pero el detalle viene después de ese amen… el detalle viene después que se termina la reunión. La pregunta es ¿Y AHORA QUÉ HACES CON ESA PALABRA? ¿qué sucede contigo y esa palabra al salir del lugar de reunión? Posterior a recibirla ¿hay un cambio en ti, o seguimos siendo los mismos?

 

Si la escritura usa la figura al decir que la Palabra es como una semilla, y que nosotros somos como la tierra donde cae esa semilla, entonces vale preguntar ¿qué tipo de tierra eres? Muchas veces el problema no está en la Palabra ni en el canal que Dios usó para enviar el mensaje, el problema esta en la tierra, o el receptor que recibió ese mensaje.

 

Según Mateo capítulo trece, hay cuatro tipos de tierra:

 

–1. La tierra del camino, donde las aves se comen la semilla.

–2. La tierra de pedregales, donde la semilla no consigue profundidad.

–3. La tierra de espinos, donde los espinos ahogan la semilla.

Y la

–4. Buena tierra. Es la que da fruto al ciento, setenta y treinta por uno.

 

Ahora bien mi estimado lector. Usted decide qué tipo de tierra es en relación a la Palabra que recibe. Sí, porque estos cuatro tipos de tierra representan cuatro tipos de personas. Usted tiene la potestad HOY de decidir qué tipo de cristiano ser.

 

Ser la tierra del camino, o la tierra de pedregales, la tierra de espinos, o la buena tierra es decisión SUYA. Usted decide de qué forma responde a esa Palabra.

 

Note que la semilla ya fue sembrada, es decir, ya la Palabra de Dios fue soltada a su vida, pero ahora depende de usted, en decidir qué hará con esa Palabra que ya ha recibido.

 

Si Dios en algún momento te habló, te ordenó que hicieras algo y no lo hiciste, y ha pasado un largo tiempo… sientes un silencio de parte de Dios para ti, y deseas que te vuelva a hablar como antes… entonces no le pidas que te hable porque Él sabe que igual no harás nada con eso… ¿O si? Esto es duro, pero lo he visto repetirse una y otra vez en muchos cristianos. (Espero que no sea tu caso)

 

Entonces, qué debes hacer después que escuchas una Palabra de parte de Dios, ponerla en practica. Yo le llamo a eso, la praxis de la Palabra. Todo profesional después que se gradúa de la universidad y obtiene una licencia, la obtiene para desarrollar una praxis de aquello en la cual se preparó por cinco años. De nada le valdría el título si no ejerce.

 

Santiago dice que debemos ser hacedores de la Palabra y no tan solamente oidores. Veámoslo del propio Santiago.

 

Santiago 1:22-23 Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. 23 Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.

 

 

TLA ¡Obedezcan el mensaje de Dios! Si lo escuchan, pero no lo obedecen, se engañan a ustedes mismos y les pasará lo mismo que a quien se mira en un espejo: tan pronto como se va, se olvida de cómo era.

 

 

Vale reflexionar en varios elementos alrededor de estos versículos.

 

Del porcentaje de congregantes que asisten a nuestras reuniones ¿Cuántos son sólo oidores?

 

Santiago dice que ser sólo oidor es engañarse así mismo, en ese sentido, ¿Cuántos creyentes viven auto engañándose?

 

Santiago dice que este tipo de creyentes, son como aquellos que se ven al espejo, y al irse se olvidan como eran. Así le pasa a muchos creyentes, en la reuniones reciben con euforia la Palabra pero al llegar a casa se les olvida poner en practica lo que han recibido. Lamentablemente son creyentes con una mala memoria espiritual.

 

Jesucristo es nuestro máximo ejemplo, Él vino a hacer las obras de su Padre, no ha oír solamente, sino a hacer. (Juan 6:38)

 

Es el tiempo de la darle praxis a la Palabra que hemos recibido, es el tiempo de poner en practica lo que Él nos está diciendo. Es el tiempo de que esa Palabra sea parte de nuestras vidas al punto de que se haga carne en nuestros huesos.

 

 

Es el tiempo de que esa Palabra sea parte de nuestras vidas al punto de que se haga carne en nuestros huesos.

 

 

¿Y TU, QUÉ HACES CON LA PALABRA QUE ESCUCHAS? Déjame tus comentarios.

 

 

 

Soy Uziel Reyes y esto es Vida en Progresivo.

 

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