¡REINICIA TU LENGUA!

Julio 21, 2016

¡Qué maravilloso es ir descubriendo el Eterno Propósito del Padre en Cristo! conocerlo y entenderlo te llevará a un estado de completa plenitud y libertad, ya que te posiciona en un lugar de disfrute y deleite por lo que ya has recibido por la obra perfecta y consumada del Hijo. Uno de los enormes beneficios que produce este Pleno Conocimiento, es el de hablar lo que habla la cabeza, es decir, Cristo el Señor.

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Este conocimiento, activa en los hijos una clara Iluminación del leguaje, lenguaje que ahora se debe hablar y por ende expresar. Esta Luz trae una precisión lingüística y dialéctica, atinada  y precisa, muy bien acercada para el tiempo legal en el que operan los nacidos de la nueva creación. ¿Cuándo nació la nueva creación? Cuando Jesucristo se levantó de los muertos. Cabe señalar que esa nueva creación viene con un nuevo lenguaje.

 

Una gran y misteriosa realidad empezó a reinar desde entonces, una de ellas es, el nuevo lenguaje que debe fluir del corazón renacido de la nueva creación. Esa misteriosa realidad se llama Jesucristo, y éste manifestó una variedad de riquezas que hasta ese momento se mantenían ocultas y escondidas. Una de esas valiosas riquezas es el nuevo Templo, el nuevo Tabernáculo, el nuevo Altar.

 

Ahora bien, si se quiere disfrutar de las riquezas que Cristo trajo consigo, se debe ajustar el lenguaje, ya que una persona es lo que piensa y por ende lo que habla. Este ajuste vendrá por Iluminación de la Revelación ya concedida por el Padre a sus hijos. El detalle es que se necesitan hijos diligentes en conocer su lengua materna. La lengua materna no es aquella donde estos han nacido (país terrenal) sino en la que por naturaleza y por hecho de nacimiento han adquirido por nacer en el Reino.

 

Esa lengua materna, será perfeccionada si tienes padres, familiares y amigos entendidos en el Reino, que te refuerzan, como especie de pilares, dicho lenguaje. En ese sentido, si deseas disfrutar de un evangelio libre de religión, estancamiento, decrecimiento y ambigüedades lingüísticas, debes conocer a Jesucristo, el mejor profesor de la lengua del Reino.

 

Un Ejemplo.

 

La escritura está llena de muchos ejemplos del lenguaje empleado por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. De esos ejemplos, se debe aprender si se quiere tener una buena y efectiva comunicación entre el Padre y los hijos. Así que es prioritario aprender el lenguaje presente si se quiere una comprensión coherente de lo que se habla con Dios y por ende, de lo que Dios habla con la Iglesia.

 

Si se desconoce el lenguaje, los términos, las palabras, y algo muy importante, el tiempo; entonces no nos entenderemos con Dios. Permíteme mostrarte un ejemplo súper conocido y empleado por muchos ministros hoy día.

 

Sólo Hay Un Altar.

 

Muchos, en un momento de la adoración o la ministración de la palabra declaran “Levantemos un altar para Dios en este lugar”, tengo que ser honesto con usted. Aunque suene bonito, esta declaración NO forma parte de la lengua VIGENTE del Reino. Lo que sea que a continuación esa persona haga, aún sin malas intenciones, es una idolatría ante el Padre. El único altar que “ahora” el Padre ha aceptado es el del Hijo.

 

 

Hebreos 8:1-2 Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre.

 

Pregúntate ¿Cuál fue el altar que levantó el hombre? En la escritura hay muchos altares que el hombre levantó, pero te indicaré los más conocidos: (1) El tabernáculo de Moisés y (2) el templo de Salomón. En aquel tiempo, antes de que se manifestará la nueva creación, era común que el hombre levantará altares, no solo los judíos levantaban altares, sino que las otras religiones también levantaban altares a sus dioses.

 

Entonces la pregunta a continuación es ¿Cuál es ese altar que levanto el Señor y no el hombre? Pues nada menos que Jesucristo, cuando el Señor resucitó, fue levantado como el Nuevo Tabernáculo, el Nuevo Templo y en consecuencia el Nuevo Altar. Ese altar no fue hecho por manos de hombres, porque no hay altar que el hombre haga que agrade al Padre.

 

En ese Altar llamado Jesucristo, la Iglesia fue integrada en la misma estructura (edificio). Ella por gracia, también forma parte de ese altar. ¿Cómo podremos levantar algo que ya está levantado? Decir, “Levantemos un altar para Dios en este lugar” es estar atrasado a años luz de lo que ya sucedió.

 

Hechos 17:24 El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, NO habita en templos hechos por manos humanas.

 

¡Reinicia tu lengua…! Esa debe ser tu premisa hoy… y voy más allá, no solo tu lengua sino tu mente y tu sistema de creencias teológicas. Si no lo haces, la comunicación con el Padre celestial se verá afectada por ambigüedades en el lenguaje empleado. El hombre en su humanidad no puede levantar ni un altar que agrade a Dios.

 

Quienes hoy siguen levantando altares, viven dentro de un marco de religión y en consecuencia de idolatría. Todo altar que se levanta paralelo al que ya está levantado es idolatría. La nueva creación no tiene que ir levantando altares en donde quiera que va, ya ella es parte del altar que permanece levantado.

 

“Todo altar que se levanta paralelo al que ya está levantado es idolatría”

 

Si me dice, pastor yo quiero actualizar mi lenguaje; entonces permíteme darte cinco tips a manera de Consejo.

 

–1. En primer lugar, pídele al Espíritu Santo que te actualice en el idioma del Reino.

–2. Rodéate de padres, mentores, ministros y amigos que hablan con fluidez el lenguaje del Reino.

–3. Discierne. No todo el que le canta a Dios o predica la palabra, habla el lenguaje del Reino.

–4. Déjate enseñar por maestros que conocen el lenguaje del Reino.

–5. Ejercita tu lengua con el lenguaje del Reino.

 

Y tú, ¿Ya estás hablando correcta y actualizadamente el lenguaje del Reino?

 

 

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