¡No más reglas de hombres que opriman a la Iglesia!

Septiembre 6, 2017

Existe una diferencia abismal entre el Reino y la religión. Toda religión tiene ritos, ceremonias, reglamentos u ordenanzas que les son impuestos a los que profesan una determinada creencia, que en vez de traerles paz, seguridad y calma, les cancela la libertad con la cual Dios hizo al hombre desde el principio.

 

La religión, cualquiera que sea su nombre, (islamismo, budismo, catolicismo, cristianismo, adventismo, testigos de Jehová, los unitarios, entre otras), imponen cargas que muchas veces ni sus líderes las pueden llevar.

 

Estas reglas consisten en tratar de cumplir al pie de la letra, un inventario de normas, según “divinas”, para poder ser aceptados entre sus comunidades de fe, así como también para sentirse justificados o perdonados por sus pecados.

 

Algunas de estas reglas suelen ser: cumplir con días y fechas sagrados (sábados, domingos, semana santa, navidad, días sagrados, lavamientos, entre otros), pagar penitencias (algunos pactan para recibir un milagro o favor de Dios), realizar ceremonias de purificaciones, comer y beber ciertas cosas consideradas sagradas, o, abstenerse de comer y beber cosas consideradas inmundas. Dejar de usar cierto tipo de vestuario, para adoptar una nueva forma de vestir… y como éstas, muchas cosas más…

 

Cuando analizas la vida del Reino, verás que por ningún lado la intensión original de Dios fue imponerle al hombre, cargas externas para producir una transformación espiritual interna. La religión trata de tapar con cargas exteriores lo que sólo el Espíritu puede transformar desde el interior.

 

Por ningún lado la intensión original de Dios fue imponerle al hombre, cargas externas para producir una transformación espiritual interna

 

 

Bien lo dijo el Apóstol Pablo, “porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”. (Pablo, Romanos 14:17). En otras palabras, el reino es del Espíritu, y por lo tanto, es espiritual. No tiene nada que ver con reglas, o leyes de hombres impuestas para oprimir a otros. Asimismo, comida y bebida habla de lo humano, de lo externo, de lo superficial.

 

Pero justicia, paz y gozo, son elementos que sólo lo produce el Espíritu de Dios en el espíritu del hombre. Por esa razón, el reino de Dios tiene que ver con la impartición de un Espíritu en la vida del hombre, y no con artificios ejecutados por el hombre para tratar de agradar a Dios.

 

Justicia, paz y gozo, son elementos divinos que nunca producirá la religión. Por el contrario, la religión causa tres cosas:

–1. Injusticia. Porque sus leyes para con sus seguidores son injustas. Traen esclavitud y opresión.

–2. Guerra. Porque no puede producir en ti esa amistad con Dios ni con tus semejantes. La religión más que unir divide. Por ello la gente dice, “háblame de todo menos de religión”. ¿Sabes cuántas guerras se han producido a lo largo de la historia por asuntos religiosos? Uff, muchísimas. Aún hasta el día de hoy persisten.

–3. Y por último, Tristeza o dolor. Ninguna religión produce deleite, disfrute o alegría. ¿Sabes cuántas personas están en amargura, dolor y resentimiento, por causa de una estructura religiosa? Hay millones de personas que no quieren saber nada de Dios por causa de la religión. Lo que ellos no saben es que Dios no tiene nada que ver con religión. Dios nunca diseñó leyes de hombres para que éste fuese acongojado.

 

El capítulo dos de la carta de Pablo a los Colosenses, es contundente en decir que Cristo suprimió todo tipo de leyes, reglas, rituales y ordenanzas que los hombres les han impuesto a sus semejantes. En el versículo diez el apóstol argumenta en decir que en Cristo estamos “completos”.

 

Colosenses 2:10 y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.

 

La expresión que se usa en el original griego es “pleróo” que tiene la idea de hacer repleto algo. Rebosar algo que estaba vacío. Llenarlo hasta que se derrame. En otras palabras, si en Cristo no te hace falta nada, porque estás completo ¿por qué imponerle reglas, rituales u ordenanzas a los hijos de Dios para tratar de completar algo en ellos, que ya Cristo completó? No te parece que sólo Cristo es suficiente… nadie pone un parcho viejo en un vestido nuevo… Lamentablemente muchos lo hacen.

 

Los versículos que prosiguen el texto no tienen desperdicio. Obsérvalos bien.

 

CRISTO EN LA CRUZ ANULÓ LAS REGLAS DE LOS HOMBRES

 

Colosenses 2:14 (VRA) “Rayendo la cédula de los ritos que nos era contraria, que era contra nosotros, quitándola de en medio y enclavándola en la cruz”. ¡Wao…! esto le saca una alabanza a cualquiera. Porque se demuestra que el evangelio es de gracia y por gracia.

 

Si alguien tuviera que cumplir con reglamentos de hombres para agradar a Dios o ser salvo, entonces sería un evangelio de obras y no de gracia. Bien lo dice el texto “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. (Efesios, 2:8-9).

 

La cruz es el inicio de un nuevo tiempo. Un tiempo de libertad. El mismo Señor lo profetizaba delante de los rabinos en la sinagoga al decir, “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor” (Mateo, 4:18-19). Esa libertad plena entró en vigencia cuando el dijo, “consumado es”. Es decir, ya no hay leyes, cargas o reglamentos de hombres que te opriman, porque según colosenses, Cristo las anuló.

 

La cruz quitó el peso. Quitó las obligaciones de ritos y reglas que los hombres debían cargar, porque al final, después de tantos intentos, no podían llevar. En tal sentido, nadie te puede imponer leyes que ya Cristo quitó… que ya anuló. Esas leyes estuvieron para un tiempo, pero no para éste tiempo, el de la economía del Hijo.

 

Pablo le dice a la iglesia de Colosa, “No dejen que nadie los critique por lo que comen o beben, o porque no celebran ciertas fiestas ni respetan los días de luna nueva o de descanso. Todo eso no era más que la sombra engañosa de lo que estaba por venir. Lo real y verdadero es Cristo” (Colosenses, 2:16-17, TLA). Si ya tienes lo real y lo verdadero (Cristo), no necesitas nada más. ¿Por qué quedarse con la sombra cuando puedes tener la realidad de las cosas? Todo rito o ceremonia, es sombra, nada más.

 

 

Si ya tienes lo real y lo verdadero (Cristo), no necesitas nada más

 

 

Quien camina en sombra tropieza. No ve con claridad. Pero quien tiene lo real y verdadero anda en luz. Si ya tienes la luz, no necesitas una vela para que alumbre tu entorno.

 

LOS APOSTOLES DE JERUSALÉN OPRIMIAN A LA IGLESIA GENTIL  

 

El libro de los Hechos muestra con claridad como la iglesia y los apóstoles de Jerusalén, al principio, trataron de imponer las leyes judaicas a los hermanos del mundo gentil. Desde el mismo Pedro hacia debajo, llegaron a perturbar a los hermanos con las obligaciones que exigía la ley. Pablo entendiendo la obra completa de Cristo en Cruz, reprendió públicamente a Pedro, por obligar a los gentiles a judaizar. Cosa que ni el mismo Simón Pedro podía cumplir.

 

Esto se parece mucho a la realidad de hoy. Hay quienes obligan a sus hermanos a cumplir con las reglas de la federación o concilio. Terminan celando más el incumplimiento de éstas, que el fruto del Espíritu en la vida del creyente.

 

Gálatas 5:22-23 (TLA) En cambio, el Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, 23 ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto.

 

 

EL ACUERDO LLEGÓ. ¡NO MÁS REGLAS PARA LOS SANTOS!

 

Hechos capítulo 15 desde el versículo 24, hasta el 35, nos muestra un acuerdo grandioso de libertad. Después de tanta controversia entre ellos, finalmente parece que los apóstoles, junto con la iglesia de Jerusalén, lograron comprender la obra perfecta de Jesucristo en la Cruz, al llegar a un acuerdo, el cual consistía en NO obligar más a los gentiles a guardar la ley.

 

24 Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley.

 

La persecución religiosa hacia la iglesia gentil era implacable. No tenían piedad para aquellos que no querían apegarse a sus costumbres. El escritor de Hechos dice que los hermanos judíos los perturbaban. Y como recordarás, hasta Pedro cayó en eso.

 

Hasta que llegó un destello de luz en los apóstoles y ancianos de Jerusalén. Los versículos 28, 29, 30, y 31, son reveladores. Veámoslos.

 

28 Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, NO imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: 29 que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien. 30 Así, pues, los que fueron enviados descendieron a Antioquía, y reuniendo a la congregación, entregaron la carta; 31 habiendo leído la cual, se regocijaron por la consolación.

 

Me gusta como termina el versículo 29 cuando dice: “Pasadlo bien”. Imagino escuchar a un vocero de aquella reunión decir: disfruten su libertad en Cristo. No se preocupen por seguir nuestras tradiciones. De nuestra parte, ya nadie los perturbará. Wao, hoy necesitamos ministros así. Que entiendan que ninguna ley terrenal podrá transformar lo que sólo Cristo puede hacer.

 

Finalmente, el versículo 31 dice que los hermanos en Antioquía se regocijaron por la consolación de saber que ya no serían perturbados a causa de los ritos de la ley. Créeme que lograr ese pacto de paz no era poca cosa para un pueblo como Israel, que contaba con más de mil años, con un trasfondo de ritos y leyes. Pero el Espíritu los iluminó al punto de que levantaron las reglas que habían seguido desde los tiempos de Moisés.

 

Después de esto, no se conoce que surgieran disputas entre los hermanos de Jerusalén y la iglesia gentil. El evangelio se expandió mucho más y la iglesia crecía enormemente.

 

Pero la gran pregunta es, ¿POR QUÉ HOY EN PLENO SIGLO XXI, HAY MINISTROS QUE SIGUEN OBLIGANDO A LOS SANTOS A CUMPLIR CIERTAS ORDENANZAS DE LA LEY, CUANDO LOS MISMOS APOSTOLES SE ENCARGARON DE SOLUCIONAR ESO HACE MÁS DE DOS MIL AÑOS?

 

Puedo oír en el espíritu un grito de guerra. Un grito de libertad decir ¡NO MÁS REGLAS PARA MIS HIJOS! ¡YO LOS HICE LIBRES DE TODA ORDENANZAS DE HOMBRES!

 

¿Y tú, disfrutas de la libertad que Cristo te dio al anular la cédula de los ritos en la Cruz?

 

Soy Uziel Reyes y esto es Vida en Progresivo.

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