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diciembre 2, 2020

En Dios la muerte no es una tragedia. Ciertamente la muerte, para los que quedan vivos duele, golpea y deja un vacío. Pero para los que están del lado correcto (en Cristo), la muerte sencillamente es una transición a una glorificación de un cuerpo corruptible que se viste de incorrupción.


Lo que sí es una tragedia, es estar vivos y lejos de él. Miles de familias están cerrando este año en luto, créeme que como humano lo lamento.  Pero si en vida conducían sus vidas a su manera ya estaban muertos. Esto no se trata de llorar la muerte a alguien, se trata de llorar su vida. Si está vivo pero fuera de la vida ( el Hijo) deberíamos llorar. Si está vivo pero carga un muerto en su alma, deberíamos llorar. ¿De qué sirve llorar su muerte cuando en vida siempre vivió como un muerto?


El resultado que hoy tenemos en este mundo convulsionado es por causa de los muertos que lo dominan. El virus del 2020 es la operación maligna de una mente muerta. Las naciones, la economía mundial, la sociedad distorsionada, es el resultado de los muertos que la dirigen. Mi país Venezuela hoy es lo que es, por causa de muertos que controlan el poder, y de los muertos que lo aprueban.


No nos debe sorprender el poco valor que a nivel global tiene el matrimonio, la hombría, o la familia. Toda esta sociedad está dominada por muertos y no se puede esperar de ellos alguna bondad. ¿Sabes cuántos muertos golpean a sus esposas cada semana? ¿Sabes cuántos niños son violados por un muerto que no tiene ninguna sensibilidad humana? ¿sabes cuántos niños son abandonos por los muertos de sus padres? Un alma muerta odia, divide, asesina, roba, hiere, miente, adultera, fornica, idolatra. Solo un alma muerta puede hacer estas cosas.


Así como el nacimiento, la muerte física es un hecho muy puntal en nuestro paso por la tierra. La muerte física sucede en un momento y ya. Pero la muerte del alma es prolongada. Si una persona vivió 65, 70 u 90 años pero estaba muerto, fueron 65 años de muerte. Fueron millones de horas, de semanas y meses viviendo como muerto.

«La verdadera muerte es estar vivos sin la vida»


El corazón es engañoso y creemos que por el hecho de que respira, habla y camina está vivo. Mejor no lo pudo haber dicho Juan, «El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida». (1 Juan 5:12).


No se debería llorar la muerte sino llorar la vida que vivieron. ¡Benditos los vivos que reconocen su estado de muerte y se arrepienten abrazando la verdadera vida; la del Hijo!

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CENTRO DE INTELIGENCIA ESPIRITUAL