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septiembre 24, 2020

Hablar de «esencia» está en trending. En los últimos días he visto una tendencia entre los llamados influencer, comunicadores, personas de marca personal y generadores de contenido en las redes sociales, donde hablan acerca de mantener la esencia siempre. Que no importa lo que pase, la «esencia» es lo más importante que una persona debe conservar. Pero de todo corazón, le hablo a los entendidos que viven no por los estándares del sistema centrados en el hombre (humanismo) sino por los códigos de vida en Cristo Jesús.

Pregunto, ¿realmente nuestra esencia es tan noble y benigna como para exaltarla? ¿Es nuestra esencia el clímax de una vida digna de seguir o imitar? ¿Realmente es nuestra esencia todo lo que necesitamos?

El diccionario español dice que el término esencia es la «Parte o característica fundamental o más importante de algo». En otras palabras, cuando dice que es fundamental, lo que está diciendo es, que es lo más importante de algo. Que es lo vital, medular.

Pero ahí es donde entra la inteligencia espiritual, a juzgar todas las cosas. Porque los entendidos juzgan, no para criticar, sino para discernir aquello que no viene de Cristo, y por ende, que viene del árbol de la ciencia del bien y del mal, que es el árbol de la muerte. Este árbol saca cosas buenas pero no quiere decir que sean tan buenas como para que los hijos la coman como fruto.

Si retomamos lo que dice el diccionario español, esencia es la «Parte o característica fundamental o más importante de algo». Los entendidos saben que esa parte fundamental o más importante de nuestras vidas es Cristo nuestro rey y Señor. Él es lo fundamental en nosotros, él es lo más importante. Porque nuestras vidas no nos pertenecen, nuestras vidas fueron crucificadas juntamente con Cristo en la cruz, de manera que, en nuestra alma no corren dos naturalezas, sustancias o esencias sino una; la esencia del Hijo.

Los entendidos saben, que no hay «esencia buena», si quien realmente es la «esencia buena» no está presente. Nuestra esencia humana no es nada si el Hijo quien es la sustancia (esencia) no está en nosotros. ¿Habrá una mejor esencia que el Hijo? ¿Habrá una mejor sustancia que él? De una fuente no pueden salir dos tipos de agua, así mismo, de un alma no pueden brotar dos esencias, o sustancias; o está la esencia humana, o está la esencia divina.

No hay «esencia buena», si quien realmente es la «esencia buena» no está presente.

La verdadera esencia de los entendidos no es su forma de ser, su personalidad, su trato o algo por el estilo. Ellos tienen claro que la esencia que portan es la del Hijo sembrada y creciendo en sus corazones. Si el remedio a la destrucción del mundo de hoy fuera la esencia humana, el mundo no sería lo que hoy es. El mundo es lo que hoy vemos precisamente por causa de la esencia del hombre sin el gobierno de Cristo. La esencia humana es «puro veneno» de serpiente. Pero la esencia de Cristo es la que trae una verdadera transformación en la vida del hombre. Aún el mismo Jesús nunca superpuso la tan mencionada «esencia». Él vivía por la sustancia de su Padre y para la sustancia del Padre.

La esencia de Cristo es la que trae una verdadera transformación en la vida del hombre.

Para ser honesto, yo no quiero que la gente conozca de mi esencia. La mía es irrelevante y no creo que te sirva de algo. Pero si quiero que otros vean la esencia del Hijo que por gracia se me ha impartido. Esa es la esencia que necesitamos que sea comunicada en redes sociales, por conferencistas o motivadores. Pero también por la ama de casa, plomero o carpintero. Por el ingeniero o abogado. Confío en que tú eres y serás uno de ellos. Confío en que tú «esencia» será la de él en ti. Pablo dijo, «ya no vivo yo más vive Cristo en mi» (Gálatas 2:20). Él sabía que no se trataba de él sino de aquel que vivía en él. Y te pregunto, ¿cuál es tu esencia? Te deseo una excelente jornada. Un gran abrazo.

Atte. Uziel Reyes

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