El Afán De Tener Fama

Agosto 11, 2016

Sabes que tuve la fortuna de nacer en un hogar cristiano, nunca me aparté de la vida congregacional ni siquiera en mi adolescencia y juventud. Siempre he estado conectado con el ministerio juvenil, a lo largo de los años, me desarrollé en varias áreas de la iglesia local. En tal sentido, conozco a la Iglesia y al ministerio juvenil –local– desde sus internalidades, es decir desde adentro.

theatre-96714_1280

Recuerdo que en aquellos años yo cantaba al mismo tiempo que tocaba la guitarra. La verdad hacía de todo… Era el director de alabanzas en mi congregación, algunos me conocieron en esas funciones, otros no, ya que sólo me han visto de unos años para acá en la función de pastor y predicador.

 

Lo que quiero decir en esta mí introducción, es que sé la dinámica eclesiástica, por un hecho sencillo de haber crecido en esos ambientes. Eso me da cierta facultad de analizar, con la intención de sumar y orientar ,a las nuevas generaciones de ministros jóvenes que están surgiendo.  

 

Con eso en mente, quiero reflexionar contigo sobre “El Afán de tener Fama” en la nueva generación de ministros jóvenes. Sabes qué, no tengo dudas de que Dios está levantando una generación de ministros que le darán continuidad a la causa del Reino en este generación.

 

Puedo observa, tanto en mi espíritu como ocularmente, una movilización de ministros emergentes que desean servir a Dios por sobre todas las cosas. En lo personal, eso me alegra, ya que me deja saber que este maravilloso evangelio seguirá corriendo en los apasionados corazones de una generación que ama y anhela servir al Señor en este caótico tiempo de descomposición integral en el que vivimos.

 

Pero así como veo un incremento de ministros jóvenes queriendo hacer algo relevante por el evangelio, así también observo el creciente desenfoque de otros –jóvenes ministros– con grandes ansiedades de ser famosos y reconocidos.

 

Estos últimos, son aquellos que andan buscando una invitación para cantar o predicar, otros se presentan como profetas o apóstoles, y no dudo de que lo sean, ya que quién otorga esas asignaciones es el Espíritu Santo, y Él se las da al que quiere, pero es notable que éstos jóvenes e incluso líderes juveniles, están encandilados con las luces de los escenarios aspirando y soñando (vivir en los escenarios) sin quemar las etapas propias del ministerio en cada una de sus expresiones.

 

¿De qué vale la fama sin madurez? ¿De qué valen las invitaciones a congresos sin haber madurado la vida de Cristo? ¿De qué vale que nos llamen apóstoles o profetas, salmistas o conferencistas, sin comprender y discernir lo que eso significa?

 

Me alegra, y en gran manera que se levante una generación de ministros –jóvenes– apasionados y con muchas ganas de servir al Señor en diferentes áreas de ministerio, pero al mismo tiempo, me preocupa y en extremo, que el espejismo de la fama los maree desvirtuando sus corazones.

 

¡Dios no nos quiere famosos, nos quiere maduros! en ese sentido, se requiere una juventud madura que puede saber administrar las luces, las cámaras y los escenarios. Ten cuidado de tomar con ligereza el alto quilate de servir al Rey. Dios no tiene problemas con darte fama, su problema está en que se seas un inmaduro con fama.

 

 

Gálatas 4:1 Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo.

 

Hebreos 5:13-14 Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

 

 

Es mejor un maduro sin fama que un famoso inmaduro.

 

Es mejor un maduro sin fama que un famoso inmaduro

 

No te enfoques en la fama, enfócate en lo que eres y debes ser en Cristo. No te enfoques en los múltiples seguidores que quieres alcanzar en las redes sociales (instagram, Facebook, Snapchat…) enfócate en ser maduro. No te enfoques en lo que desvanece, enfócate en lo que permanece.

 

La fama no puede ser la motivación de tu ministerio porque el día que la pierdas se derrumbará lo que eres junto con lo que haces.

 

Mateo 16:26 (NTV) ¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma?

 

 

Permíteme contextualizar este texto.

 

  • ¿De qué sirve ganar el mundo y perderse uno mismo?
  • ¿De qué sirve la fama evangélica si por dentro se está vacíos?
  • ¿De qué sirve aparentar ser un gran ministro si a la postre todo es mentira?

 

 

¿Sabes lo que es llegar al punto de engañar o mentir para mostrar un aparente estatus ministerial? Hay muchos que lo hacen ¿cuál es la intención? mostrarse como grandes ministros y hombres usados por Dios. Pero al final del día, nadie puede dar lo que no tiene… por sus frutos los conoceréis dice la Escritura.

 

No hay mejor testigo que el Espíritu Santo, Él sí sabe dar testimonio de lo que en realidad somos.

 

 

Romanos 8:16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

 

 

Si Dios te llamó, Él mismo se encargará de abrirte puertas, tú no tienes que andar forzándolas para que se abran. Si Dios te llamó, Él te conectará con las personas adecuadas a fin de que te posicionen para que cumplas tu asignación. Si Dios te llamó, Él se encargará de abrirte camino donde no los hay.

 

No dejes que tú corazón se dañe con el “veneno culebril” de la fama. No perviertas tú corazón por las luces y pantallas que adornan una plataforma.

 

No olvides que todos los hombre y mujeres que Dios llamó, y que están reflejados(as) en las Escrituras. Todos fueron enviados por Dios y fue Él quien les abrió las puertas para que llevaran su asignación.

 

  • Fue Dios quien le abrió las puertas del trono a David.
  • Dios llevó a José al Palacio de Faraón para que fuese el segundo al mando.
  • Dios le abrió paso a Nehemías para que fuera a levantar los muros de Jerusalén.
  • Fue Dios quien levantó a Jeremías a pesar de que él se consideraba niño.

 

 

No es la fama lo que debe gobernar tu intensión de estar en los escenarios. Es el profundo deseo de servir al Rey y la conciencia de tú asignación en el provecho de la edificación del cuerpo de Cristo y la expansión de Su Reino.

 

¿Es la fama lo que realmente te motiva para servir a Dios?

 

Soy Uziel Reyes y te animo a vivir una Vida en Progresivo…

 

mi-logo-gris.

No olvides Compartir!Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Email to someone

Deja tu Comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Todos los derechos reservados 2017.