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Enero 30, 2019

Por si aún no lo sabes, soy venezolano y vivo en Venezuela. Todavía sigo aquí a pesar de. El éxodo en el país no es un show ni una falsa; es una cruda realidad que en carne viva me ha tocado vivir. Tristemente he tenido que despedir a amigos, hermanos en la fe y familiares.

 

Siendo los últimos los que más duelen porque llevan mi sangre. Duele porque no sabes cuándo regresarán. Ahora y como nunca, nuestro mejor aliado son las videollamadas de WhatsApp. Eso si logramos (los de Venezuela) mantener nuestras líneas móviles con suficiente megas. Megas que nos cuestan un ojo y parte del otro.

 

Donde vivo no hay CANTV (empresa del Estado que presta el servicio de Internet) era lo más económico. Se robaron los cables y la compañía no ha restablecido el servicio desde hace 6 meses. No somos los únicos, lo mismo ha sucedido en otros estados del país. ¿Coincidencia? ¿estrategia para incomunicarnos?

 

La idea de irme ha pasado por mi mente una y otra vez. En mi voluntad no quiero hacerlo, pero las condiciones, como decimos aquí obligan al más pintao. Hasta el más nacionalista ha pensado en marcharse. De irme las razones son muchas y válidas. Las razones para quedarme también son enormes. Pero en medio de todo esto he descubierto claves que me han ayudado a mantenerme firme y esperanzado de que un futuro mejor está muy cerca.

 

Con frecuencia hermanos en la fe de otros países me preguntan, ¿CÓMO HACEN PARA VIVIR EN MEDIO LA CRISIS? De manera que te comparto, desde mi corazón, uno de los secretos que me han sostenido, no sólo a mi, sino a la iglesia que presidimos. Por supuesto, con los que decidieron quedarse. Como imaginarás, otros tuvieron que irse.

 

Aquí entre nos… conozco varios secretos, pero en este momento te diré uno. Trata de leerlo sin el bagaje religioso.

 

#1. PERMANECER UNIDOS EN PEQUEÑOS GRUPOS. ESTAR JUNTOS COMO UNA VERDADERA FAMILIA. Si ya se, te sonará trivial y hasta poco profundo. Se que estamos atiborrados con predicas de la unidad. A lo que me refiero NO es un asunto de predicas sobre la unidad. Me refiero es a la expresión natural de una vida en koinonía.

 

Ha sido en medio del caos, donde por vivencia natural de la obra del Espíritu en nosotros (más allá de lo cognitivo y teológico) hemos encarnado lo que dice Lucas en el libro de los Hechos con relación a aquella Iglesia. Una cosa es escuchar acerca de la unidad y otra muy distinta es vivirla. Una cosa es leer la comunión de los santos en Hechos… y otra es comprender por el Espíritu lo que esas líneas en realidad quieren decir.

 

Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón”. (Hechos 2:46).

 

Uno de los secretos ha sido perseverar unidos. No por la cabeza como algo cognitivo sino por el Espíritu. La naturaleza de Cristo nos ha llevado a compartir juntos día tras día. Juntos para orar, para comer. Literalmente hemos visto como el alimento se nos ha multiplicado. En Venezuela ya no es barato vivir; comer menos. En las casas nos hemos edificado unos a otros. La experiencia de permanecer unidos ha fortalecido el músculo de nuestra fe.

 

Por ejemplo, en casa de Vilma, una de nuestras lideres. Ha sido un fluir del Espíritu muy diferente a lo que el grueso de la Iglesia en el mundo cree. El Espíritu no sólo viene para que hablemos lenguas, dancemos y caigamos “llenos del poder”. Descubrimos que hay poder cuando expresemos en las formas más sencillas la vida del Reino.

 

Como por ejemplo, estar compartiendo un vaso de agua. Porque muchas veces no hay para el café. La idea de estar juntos nos nutre. En este tiempo he descubierto que me encanta estar con mis hermanos. Gracias a la gracia proveedora del Rey en casa de Vilma no ha faltado nada.

 

NOS DEJAMOS DE CONGREGAR

 

Por serios problemas de inseguridad y de transporte tuvimos que dejar de reunirnos en el auditorio los días de semana. No fue una decisión fácil pero sabíamos que debíamos ser flexibles ante la situación. Ya no hay reuniones de oración los miércoles en la noche, ni discipulados los lunes y viernes. En horas nocturnas el local permanece vacío. Nunca antes lo habíamos visto así. Siempre hubo movimiento de gente.

 

Ahora nos vemos únicamente los domingos en la mañana. ¿Te imaginas ser y hacer la Iglesia en medio de ese contexto? Muchos quedarían sin iglesia. En Venezuela hay pastores que quedaron sin iglesia e iglesias que quedaron sin pastores. En ambos casos, decidieron marcharse.

 

Qué fácil es ser y hacer la Iglesia cuando la economía está estable, cuando las finanzas de la casa fluyen, y las reuniones son a casa llena. ¿Pero tenemos la valentía de ser la Iglesia cuando todo es contrario, cuando hay escasez, pobreza y hambre a tu alrededor? En mi caso es lo que me ha tocado vivir…(….) mi pausa es porque con el tan solo hecho de escribir, trato de aguantar en mis párpados las lágrimas. No sé cuántas veces he llorado en los últimos tres años.

 

Me duele lo que vive el país, me duele lo que viven mis hermanos, me duele el dolor propio que esta situación nos ha causado. Pero ha sido allí, en medio del dolor que he visto a cara descubierta la Gloria del Hijo.

 

“Ha sido allí donde el Rey me ha otorgado las revelaciones de Su gracia más grande que mi ojos han visto”

 

Imagina esto.

–ser la Iglesia sin medios de transporte para que los hermanos lleguen.

–caminar una y dos horas para llegar a la reunión.

O en su defecto,

–montarse en camiones (de trasladar cochinos) para trasladarse.

–no contar con los suficientes recursos económicos para comprar bombillos a fin de alumbrar los salones.

–no tener para cubrir todas la necesidades.

 

Pero que aun así.

–Tengas una asistencia consistente a pesar de que no hay predicadores famosos en tarima cada mes.

–Que la gente asistas no por el show de luces, humo y bailes sino por la vida de Cristo que los gobierna.

–Que se de cada semana, alimento para niños, mujeres y ancianos.

–Que hayan voluntarios realizando obras sociales en centros de salud.

–Que los hermanos compartan de lo suyo con los más necesitados.

 

¡Créanme que eso no es otra cosa que la vida del Espíritu fluyendo en los hijos. Eso también es un mover del Espíritu!

 

Esa vida se ha fortalecido en las casas. Casas que no tienen nada que ver con una estrategia que hayamos pensado y agendado. Sencillamente son casas donde de manera natural nos reunimos para estar juntos. Lo recalco. Uno de los secretos ha sido perseverar día a día juntos. En esa unidad el Espíritu ha fortalecido la edificación de Cristo en nosotros.

 

La gran lección que he aprendido en este ambiente tan hostil, es que no se puede estar sólo. Sólo es imposible. Sólo no podrás. Sólo terminarás deprimido, asfixiado. Aquí he visto a muchos caer, desfallecer, tirar la toalla por el hecho de pretender estar solos.

Ya no estamos tanto tiempo en el auditorio como antes, AHORA ES MEJOR. Ahora nos reunimos con frecuencia en casas. Nos turnamos, nos ponemos de acuerdos. Nos organizamos para ver quien lleva qué a fin de compartir juntos. Ahora nos conocemos más, hay más cercanía. Hay una verdadera unidad.

 

Por cierto, hoy tengo una cita de koinonía en casa del Dr. Flores. El es cirujano y medico obstetra. Ya quiero que llegue la tarde. Tengo expectativas de estar con mis hermanos. Porque JUNTOS ES MEJOR.

 

Si se aman los unos a los otros, todo el mundo se dará cuenta de que son discípulos míos”. (Juan 13:35).

 

Bendecido día, nos reencontramos en el próximo escrito. ATTE: Uziel Reyes

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